Me gusta navegar en las palabras, lo mismo que en los sueños.
Desde niño me he visto imposibilitado para decir con mucha claridad lo que pienso y siento. Tal vez será por eso que en cada acto trascendental de mi existencia he desperdiciado innumerables noches sumido en el insomnio, intentando imaginar el escenario ideal, buscando en el cúmulo de frases y clichés aquellas que fueran las más precisas para expresarle a quien fuera lo que quería decir. Mentalmente ensayaba una y otra vez el encuentro o el momento por ocurrir, meditaba bien el gesto pertinente, la mirada y las palabras, hasta que una vez convencido de que la escena estaba debidamente armada, me dormía esperando la llegada de la mañana siguiente… únicamente para que justo en el momento preciso el titubeo llegara, el sudor de manos me delatara y simplemente terminara cayendo… y callando
Muchos de los momentos trascendentales de mi existencia fueron portentos de dicha, felicidad, firmeza y determinación, pero sólo en mi imaginación. Debo admitir que mi incapacidad expresiva me ha llevado a muchas confusiones, a alejamientos que tuvieron su origen en mi enorme miedo a decir con claridad lo que siento y lo que pienso, o simplemente a manifestarme con toda honestidad sin sentir que por ello ganaba o perdía. Ahora en retrospectiva, debo reconocer que mi niñez y adolescencia fue hermosa no por todo lo que fui capaz de hacer, decir u ofrecer, sino por la infinita paciencia de todos aquellos y aquellas que me rodearon, que con una simple sonrisa supieron hacerme saber lo que significaba yo para ellos. También porque supieron darle su justa importancia a mis dichos y mis silencios, tantas veces prolongados, injustificados, pero siempre ahí presentes.
Será por ello que busqué desde pequeño formas más íntimas y personales de poder decir lo que pienso. Navegando a profundidad en las soledades de una habitación, recuerdo haber escrito infinidad de pensamientos. De tal forma que pareciera ratificarse un poco el sentido de aquella vieja canción llamada “Both sides now”, de Joni Mitchell:
Como cascadas y témpanos de pelo de ángel,
Como castillos de helado en el aire;
Como cañones de plumas por todas partes.
He visto a las nubes de ese modo.
Pero ahora no hacen más que cubrir el sol;
Llueven y nievan sobre todo.
Hay tanto que habría podido hacer,
Pero una nube me lo impidió.
Ya he visto a las nubes desde ambos lados
Desde arriba, desde abajo,
Y, sin embargo, de algún modo,
Son sólo ilusiones de nubes las que recuerdo.
En realidad, no sé nada de las nubes.
Lunas y junios y ruedas de Chicago;
Ese vértigo danzante que se siente
Mientras el cuento de hadas se va haciendo realidad.
He visto al amor de ese modo.
Pero ahora, no es más que un espectáculo.
Se quedan riendo mientras te alejas,
Y, si te duele, que no lo sepan;
No te delates…
Ya he visto al amor desde ambos lados,
Desde el dar hasta el recibir
Y, sin embargo, de algún modo,
Son sólo ilusiones de amor las que recuerdo.
En realidad, aún no sé nada del amor.
Lágrimas y miedo;
Sentirse orgulloso de gritar “te amo”;
Sueños y planes y muchedumbres felices.
He visto la vida de ese modo.
Pero ahora, los viejos amigos actúan raro,
Me reprueban, me dicen que he cambiado;
Bueno, algo se pierde y algo se gana
Viviendo cada día.
Ya he visto la vida desde ambos lados,
He perdido y he ganado
Y, sin embargo, de algún modo,
Son sólo ilusiones de la vida las que recuerdo.
En realidad, no sé nada de la vida.
Los momentos más trascendentes de mi vida, los recuerdos memorables, los nombres y los tiempos, los lugares y las sensaciones que me han marcado profundamente tienen su hogar en un puñado de textos garabateados en viejas hojas de papel. Podría decir sin temor a equivocarme que el anecdotario de mis emociones habita perennemente en frases escritas con distintas tintas y grafías, convertidos en tesoros que de repente se extravían entre los libros de mi casa, se deslizan sigilosos en cajas de cartón que de cuando en cuando hurgo, curioso y melancólico, como el detective que lupa en mano busca las huellas que delaten la vida que ha permanecida oculta, agazapada de tiempo atrás.
No recuerdo a ciencia cierta cuándo fue que escribí algo que fuera plenamente mío, que hubiera dado a luz convencido de los dolores naturales de quien pare palabras que decantan historias y anécdotas en las que seguramente tú, amigo lector, ocupas un lugar especial. De lo que no tengo la menor duda es que a mis doce años de edad inicié el ritual de la escritura más movido por el amor a las personas que el amor a las palabras… Ahora, cuarenta y un años después, muchas personas han quebrantado la promesa idílica del amor eterno; a otras tantas mi inconsistencia frecuente o tal vez mi incapacidad por ser lo que los demás esperan de mí han terminado alejándolas sin explicación alguna… pero de algo estoy seguro: el amor por las palabras sigue ahí, se profundiza y renueva votos de fidelidad en tanto el corazón siga latiendo por las presencias y las ausencias, por lo que ha sido, pero también por lo que pudo ser y finalmente no fue. En fin, que el prodigio de la palabra escrita me enamora y me ata; me ayuda a sobrevivir cuando muchas veces la escritura es lo único que te ayuda a salir de esa encrucijada que es la vida misma, cuando te sientes entre la espada y la pared. Yo, cuando esto ocurre, prefiero decir que estoy entre la pluma y el papel.
A los doce años qué tanto puedes decir. La escuela y sus procedimientos castrantes te limitan; educarse en esos tiempos como en los actuales obligaba a asumir que el bozal de las expresiones debía ceñirse a las reglas absurdas que muchas veces los maestros te imponían. Ni qué imaginar que pudiera ocurrir algo maravilloso como permitirte hablar con la libertad de un caballo galopante en las praderas; mucho menos pensar que en los escritos escolares podrías encontrar el pretexto necesario para cubrir con frases exactas el descobijo de un huérfano de respuestas, abandonado en el insomnio nocturno que atosiga cuando crees que el mundo es duro contigo, que nadie te comprende, que es difícil crecer en el páramo de la soledad… a menos que llegue el amor, que es el bálsamo que al principio lo cura todo, la rama extendida que te saca del atolladero existencial en que de niños y adolescentes nos encanta masoquistamente estar.
Por amor fue que una vez me atreví a escribir mi primer poema. Y, claro, como bien deduces se lo dediqué a Ella. Fue ese momento prodigioso el que me hizo esforzarme porque la letra se viera bien. Ensayar la caligrafía fue para mí un verdadero acto de amor. Pero la creatividad no siempre me acompañaba, así que a falta de musas etéreas procuraba alimentar la vena poética escuchando bellas canciones de Joan Manuel Serrat. Y así, poco a poco, desarrollé algunas estrategias para ir dándole acomodo a los sentimientos a través de la palabra escrita, montando las palabras en el ritmo de una canción. Lo demás vino solo, fue algo como simplemente dejarse llevar…
Los papeles se acumulaban porque mientras hubiera palabras desbordadas era posible hilar poemas, tejer sentimientos y bordar los textos en cualquier hoja de cuaderno. Tantas cosas escritas terminan por salirse de su refugio, reclaman impacientes la voz que les de vida, porque un texto escrito a fuego no merece quedarse sumido en el fondo oscuro del silencio, es pertinente darle un tiempo y una voz para que decante su origen y su razón. Quizá por eso fue que un día en Clase de Español, la maestra Imelda Luna solicitó nuestros cuadernos para revisar algún trabajo. Uno a uno fuimos pasando a dejarlos abiertos de par en par, de la misma manera en que se abren las puertas y las ventanas de la casa a un amigo y dejamos que se sienta a gusto en eso que llamamos nuestro hogar. Y es que eso era efectivamente ese cuaderno de Español: era hogar de mis hojas sueltas y huidizas que fueron escritas para Ella, pero que siempre terminaban dobladas a la espera de que llegara el día en que me atreviera a enviarlas de manera puntual. El caso fue que la maestra revisó cada cuaderno apilado en su escritorio, y conforme iba cumpliendo con su obligación de calificar nos iba nombrando para que pasáramos a recibirlo de manos de ella. Todo eso para mí era rutinario, sabía que era el protocolo cotidiano de su clase… salvo que ese día la maestra fue la primera que descubrió lo que mi cuaderno ocultaba y me lo hizo notar.
-Ruiz Paredes… pasa por tu cuaderno- Seguramente eso fue lo primero que la maestra pronunció. Y mientras iba levantándolo de su escritorio, una hoja doblada en dos se deslizó de su interior, rompió la modorra en la que se sumerge lo que se cansa de esperar y cayó al piso. Mientras iba caminando hacia la maestra, miré con angustia que algo estaba a punto de delatar mis sentimientos. No era la primera vez que esto ocurría con alguno de nosotros. Los maestros en la clase siempre estaban como cazadores furtivos esperando atrapar a la presa que no era más que un pedacito de papel que circulaba de mano en mano. Si alguno de ellos tenía suerte y el arponazo de la vista detectaba ese correo escrito, lo confiscaba y después de leerlo en silencio lo compartía con los demás usando para ello un tono de sorna y mofa cuya única intención era humillarte ante los compañeros de grupo... Eso bastaba para que entre clase y clase o en los recesos de toda una larga semana los compañeros te hirieran con sus bromas y sus burlas, el tiempo suficiente hasta que otro inocente dejara caer en manos del enemigo otro papelito inocente y te sustituyera felizmente en el papel del enamorado incauto con faltas de ortografía y redacción.
Me esperaba lo peor. Avancé a pasos que primero fueron apresurados, como queriendo llegar antes de que la maestra comenzara a leer la hoja y arrebatarla de sus manos para que no se escuchara lo que estúpidamente yo mismo condené a callar; pero después los pasos fueron lentos, sabido de antemano que no podría hacer nada y evitar que lo leyera. Y eso fue lo que ella hizo. Leyó en silencio y al terminar de hacerlo levantó la mirada mientras yo esperaba que comenzara a leerlo ahora en voz alta para que todo el mundo se enterara de mi secreto. Pero algo extraño sucedió. Antes de que yo llegara a la maestra, en voz alta como para que todos lo oyeran me preguntó: -¿Tú escribiste esto?- Sí- fue lo único que atiné a contestar. Después, con una voz queda murmuró justo cuando estuve frente a ella: -Qué bonito escribes… a mí me hubiera gustado que un novio me hubiera escrito como tú le escribes a Ella. Sigue escribiendo, lo haces bien, de verdad-.
Palabras más, palabras menos, eso fue lo que sucedió. No me preguntes amigo lector qué decía el dichoso papelito descubierto, hace ya bastantes años que se extravió en el tiempo y para quien fue escrito ni siquiera recuerdo si lo habrá leído, a fuerza de decir verdad. Lo que si es necesario decir aquí es que esa mañana de escuela descubrí que los maestros, a veces involuntariamente, pueden hacernos sentir muy mal exhibiéndonos a los ojos de los demás; pero también están los otros, a los que unas cuantas palabras escritas con el peso del amor ingenuo de un niño de 12 ó 13 años les hacen olvidar que ellos son quienes ordenan y mandan, quienes se burlan y condenan, y tal vez los trasladen a esos momentos de su infancia y adolescencia en que quizás ellos también escribieron algo y no se atrevieron a entregarlo a quien amaban. Yo no lo sé de cierto, pero me atrevo a imaginar que por esa extraña ocasión algo se movió en el corazón de mi maestra, y por primera vez no calificó la ortografía de ese poemita escrito en una hoja de cuaderno. Quizá se vio un poco reflejada en lo que ahí estaba escrito y fue por eso que su sonrisa y su comentario fueron una hermosa palmadita a mi espíritu, lo suficientemente firme y motivante, a grado tal que hoy, después de tantos años continúo escribiendo sobre las mismas cosas, recordando los mismos nombres, pensando en que aún sobran palabras que aguardan impacientes a que me atreva como hoy a compartirlas y dejarlas que nazcan, porque si hace 29 años no me permití dejarlas salir, hoy aún estoy a tiempo compartirlas con la gente que amo, con aquellos que son para mí importantes; en pocas palabras, para personas como Tú, que me brindan amablemente un tiempo de su vida y me privilegian leyendo el recuerdo de esa infancia compartida que es un libro abierto, para tratar de entender mis días y mis años a través de estas historias que hoy, por decreto, prometo escribir cuantas veces sean necesarias para que no se olviden ni mueran en silencio jamás…
Javier Ruiz Paredes.
Música, Literatura, textos personales, puñados de letras que se convierten en espejo que refleja un poco de lo que soy.
lunes, 31 de mayo de 2010
lunes, 24 de mayo de 2010
Andaría...
Andaría detrás de tu belleza con el espíritu intenso de un cazador; la bestia humana que descubre en el desierto de tu piel extensos trazos de febril geografía femenina, hurga en el inmenso vacío de su alma, intentando recuperar algo preciso y a la medida, un juguete hecho de palabras que no pare nunca de hablar y no se agote de escuchar.
Amigo: no busques el consuelo si no aprovechas los espacios frecuentes para deshebrar los miles de hilos con los que podrás jugar a tejer tus negadas obstinaciones. Precisa quién te quiere, quién ronda sigiloso por tus veredas todavía y, cuando lo ubiques, vigila tus prados y tu puerta, el buzón y el tapete de la entrada principal; corre a grandes zancadas cuando adviertas a una sombra deslizarse. Y cuando la tengas al alcance, no la sometas. Sedúcela con las palabras que son el origen de la luz; hazla llorar deslumbrada por lo que dices, pues será esa la única oportunidad para que deje de negarte posibilidad alguna con pretextos inverosímiles.
Ahora, ya sin argumentos, la sentencia de tus convicciones la orillará a ser parte profunda de tu regazo, nido fértil de tu deseo que en jugo fecundo se diluirá para lograr que tu ansia enfebrecida navegue en ese misterioso mar que se agiganta y se desborda pleno, cada vez que te entregues sin pudor para amar de verdad.
Amigo: no busques el consuelo si no aprovechas los espacios frecuentes para deshebrar los miles de hilos con los que podrás jugar a tejer tus negadas obstinaciones. Precisa quién te quiere, quién ronda sigiloso por tus veredas todavía y, cuando lo ubiques, vigila tus prados y tu puerta, el buzón y el tapete de la entrada principal; corre a grandes zancadas cuando adviertas a una sombra deslizarse. Y cuando la tengas al alcance, no la sometas. Sedúcela con las palabras que son el origen de la luz; hazla llorar deslumbrada por lo que dices, pues será esa la única oportunidad para que deje de negarte posibilidad alguna con pretextos inverosímiles.
Ahora, ya sin argumentos, la sentencia de tus convicciones la orillará a ser parte profunda de tu regazo, nido fértil de tu deseo que en jugo fecundo se diluirá para lograr que tu ansia enfebrecida navegue en ese misterioso mar que se agiganta y se desborda pleno, cada vez que te entregues sin pudor para amar de verdad.
martes, 4 de mayo de 2010
Decir "Me gustas"
Decir “me gustas”
Es tejerle un sueño al viento,
Hallar en otro el espejo que buscas
Y mirar, en los ojos de él, un sentimiento.
Es andar en busca de la memoria extraviada,
Aquella que recuerda los campos de tu infancia,
Es darle brillo a la mirada cansada
Y darle a nuevos motivos la mayor importancia.
Es cabalgar detrás de la sonrisa divertida,
La misma que se esconde entre la noche
Cuando en la oscuridad de un cuarto pasa inadvertida
La imagen de alguien, su recuerdo en gran derroche.
Decir “me gustas”, así, sin más,
Es girar una y otra vez el reloj de arena
Para que el tiempo no se lleve jamás
La nostalgia de una mirada dulce y serena.
Es navegar en el mar de lo callado
Mientras buscas gaviotas en la lejanía,
Es hurgar en el cofre de lo nunca hallado
Y encontrar de pronto tu voz convertida en melodía.
Es abrir puertas y ventanas
Para que entre un viento insospechado,
Es sentir que, por decirlo, algo ganas
Y al poco tiempo se convierte en ente alado.
Decir “me gustas” es darle voz a algún secreto
De esos que se ocultan debajo de la almohada,
Es corregir por un breve instante el libreto
De una vida que transcurre lenta, adormilada.
Es beber de un trago por la tarde
El agua fresca que da brillo a tu mirada,
Es apagar ese extraño deseo que aún arde
En recuerdo de esa niña enamorada.
Decirlo así, sin más preguntas
Es abrir un hueco en la razón,
Es tener las horas todas juntas
Y desperdigarlas en el nido de un gorrión.
Decir “me gustas” es camino presuroso
Para aquel que viaja lento hacia su muerte,
Es manantial de lluvia en un verano caluroso,
Es un beso convertido en buena suerte;
Es la frase que disipa los temores
De quien vive día a día desolado,
Son palabras convertidas en rumores
Que penetran el corazón enamorado.
Javier Ruiz Paredes
Es tejerle un sueño al viento,
Hallar en otro el espejo que buscas
Y mirar, en los ojos de él, un sentimiento.
Es andar en busca de la memoria extraviada,
Aquella que recuerda los campos de tu infancia,
Es darle brillo a la mirada cansada
Y darle a nuevos motivos la mayor importancia.
Es cabalgar detrás de la sonrisa divertida,
La misma que se esconde entre la noche
Cuando en la oscuridad de un cuarto pasa inadvertida
La imagen de alguien, su recuerdo en gran derroche.
Decir “me gustas”, así, sin más,
Es girar una y otra vez el reloj de arena
Para que el tiempo no se lleve jamás
La nostalgia de una mirada dulce y serena.
Es navegar en el mar de lo callado
Mientras buscas gaviotas en la lejanía,
Es hurgar en el cofre de lo nunca hallado
Y encontrar de pronto tu voz convertida en melodía.
Es abrir puertas y ventanas
Para que entre un viento insospechado,
Es sentir que, por decirlo, algo ganas
Y al poco tiempo se convierte en ente alado.
Decir “me gustas” es darle voz a algún secreto
De esos que se ocultan debajo de la almohada,
Es corregir por un breve instante el libreto
De una vida que transcurre lenta, adormilada.
Es beber de un trago por la tarde
El agua fresca que da brillo a tu mirada,
Es apagar ese extraño deseo que aún arde
En recuerdo de esa niña enamorada.
Decirlo así, sin más preguntas
Es abrir un hueco en la razón,
Es tener las horas todas juntas
Y desperdigarlas en el nido de un gorrión.
Decir “me gustas” es camino presuroso
Para aquel que viaja lento hacia su muerte,
Es manantial de lluvia en un verano caluroso,
Es un beso convertido en buena suerte;
Es la frase que disipa los temores
De quien vive día a día desolado,
Son palabras convertidas en rumores
Que penetran el corazón enamorado.
Javier Ruiz Paredes
Con la letra A
Con la letra A
Con la letra A se escribe la ausencia,
Alma gemela de la angustia
Que se acrecienta cuando uno anda así,
-- Perdido
Arando con los zapatos un sendero
Lleno de arrebatos
Que nos adelgazan las fuerzas,
Nos arrojan a un mundo amargo
Que se construye para aquellos
Que no saben des—Amar.
Mira tú,
Que mis armas
Siempre se rinden con tu alegría;
Andaría por desiertos páramos,
Como ese viejo amigo que vivía la agonía
De ahogarse en un recuerdo,
Aquel que siempre se yergue
Con soberano alarde
Cuando dos ojos plenos de artero vacío
No ubican el alimento
De esta alma atenida a un suspiro,
A una sonrisa que la aliente
A seguir creyendo en eso...
Solamente en eso.
-El Amor.
Javier Ruiz Paredes
Con la letra A se escribe la ausencia,
Alma gemela de la angustia
Que se acrecienta cuando uno anda así,
-- Perdido
Arando con los zapatos un sendero
Lleno de arrebatos
Que nos adelgazan las fuerzas,
Nos arrojan a un mundo amargo
Que se construye para aquellos
Que no saben des—Amar.
Mira tú,
Que mis armas
Siempre se rinden con tu alegría;
Andaría por desiertos páramos,
Como ese viejo amigo que vivía la agonía
De ahogarse en un recuerdo,
Aquel que siempre se yergue
Con soberano alarde
Cuando dos ojos plenos de artero vacío
No ubican el alimento
De esta alma atenida a un suspiro,
A una sonrisa que la aliente
A seguir creyendo en eso...
Solamente en eso.
-El Amor.
Javier Ruiz Paredes
martes, 15 de diciembre de 2009
La piel
En la piel de la memoria están tatuados los instantes más fecundos de mis días; ciertas noches en las que la cercanía de la Luna y la redondez de su brillo níveo lo permiten, apuro a tragos las horas para que así, súbitamente, me sorprenda la madrugada desmadejando las palabras secretas que se convierten en misterios y silencios…
Verás, mi piel ya no es tan tersa como antes. He perdido la frescura de su tono y la elasticidad de mi epidermis, pero a cambio he ganado algo: el tiempo se ha encargado de tallar en ella surcos profundos donde sólo quien cultiva con buenas manos ha podido dejar caer sus semillas. Los amigos entrañables –entre los cuales te encuentras tú- , han arado en ella para que los granos de esperanza y buenaventura germinen bien, dejando que crezca la raíz profunda en el centro del corazón…
Pero hay algo más que esconde mi ajada piel: en ella cual si fuera corteza de un árbol imperecedero, ciertos amores conocidos y otros no tanto han tallado nombres y fechas, comienzos y finales, hasta convertirla en códice que revela en sus volutas y espiras el tenue recuerdo de infancia de muchas manos y labios que algún día me tocaron y no podrán volver a hacerlo jamás…
Sea pues, que el vasto territorio descalzo de mi piel se pliega y se extiende cual lienzo de papel, permite que se acerque quien lo desee para escribir algún signo, quizá un poema, una simple letra que en su brevedad deslice la inmensidad del recuerdo que se lee en silencio y en voz alta y fuerte también.
Es entonces que descubro ahora que piel y huellas se entremezclan, como quien desanda el camino sólo para reinventarse y descubrirse gracias al prodigioso encanto de una sonrisa que se vuelca inquieta montada en un cometa de papel. Mapa milenario por costumbre y recorridos, hay abundantes rutas trazadas en mí que abarcan la geografía inexacta de mis manos y mis piernas, de mi pecho y mi espalda, de mi antes y mi después. La brújula desquiciada únicamente es útil para algunos como tú, navegantes de quimeras que no temen despeñarse en las profundidades de ese mar de confusiones en que a veces se convierte el amor…
Me estoy dando a la tarea de construir en los años por venir una obra inexacta en la que quede catalogada cada fibra de mi piel: alfabéticamente escribiré en ella los nombres y las fechas, los minutos y los instantes, los sueños y las pérdidas; haré un inventario de mis insomnios y de las causas de mis fiebres. Redactaré minuciosamente, entre otras cosas, las sensaciones que el viento y la humedad de unos labios imaginariamente vertieron en una tarde de sueño extraño, en la que te alcancé a descubrir de una manera muy distinta, genuina y tenue, entre un mar de música y silencios que tal vez sin quererlo nos sorprendieron para que esta amistad de lejanía y promesas se llegara a dar… Todo esto que te cuento estará escrito en el capítulo de una letra bella, para que cuando alguien lo lea en la penumbra prodigiosa de un atardecer en la playa descubra el por qué siempre existirán buenos motivos para atreverse, de vez en cuando, a besar la locura y buscar en las alforjas el secreto que te une a esta historia de mi desgastada y maltrecha piel, ésa la que se puede leer como lee la palma de la mano el adivino, como el astrónomo a las estrellas, como un ciego lee las sombras cálidas de un lejano y extraño sentimiento, algo que a veces pareciera hacernos sentir un pequeño y añejo amor…
Verás, mi piel ya no es tan tersa como antes. He perdido la frescura de su tono y la elasticidad de mi epidermis, pero a cambio he ganado algo: el tiempo se ha encargado de tallar en ella surcos profundos donde sólo quien cultiva con buenas manos ha podido dejar caer sus semillas. Los amigos entrañables –entre los cuales te encuentras tú- , han arado en ella para que los granos de esperanza y buenaventura germinen bien, dejando que crezca la raíz profunda en el centro del corazón…
Pero hay algo más que esconde mi ajada piel: en ella cual si fuera corteza de un árbol imperecedero, ciertos amores conocidos y otros no tanto han tallado nombres y fechas, comienzos y finales, hasta convertirla en códice que revela en sus volutas y espiras el tenue recuerdo de infancia de muchas manos y labios que algún día me tocaron y no podrán volver a hacerlo jamás…
Sea pues, que el vasto territorio descalzo de mi piel se pliega y se extiende cual lienzo de papel, permite que se acerque quien lo desee para escribir algún signo, quizá un poema, una simple letra que en su brevedad deslice la inmensidad del recuerdo que se lee en silencio y en voz alta y fuerte también.
Es entonces que descubro ahora que piel y huellas se entremezclan, como quien desanda el camino sólo para reinventarse y descubrirse gracias al prodigioso encanto de una sonrisa que se vuelca inquieta montada en un cometa de papel. Mapa milenario por costumbre y recorridos, hay abundantes rutas trazadas en mí que abarcan la geografía inexacta de mis manos y mis piernas, de mi pecho y mi espalda, de mi antes y mi después. La brújula desquiciada únicamente es útil para algunos como tú, navegantes de quimeras que no temen despeñarse en las profundidades de ese mar de confusiones en que a veces se convierte el amor…
Me estoy dando a la tarea de construir en los años por venir una obra inexacta en la que quede catalogada cada fibra de mi piel: alfabéticamente escribiré en ella los nombres y las fechas, los minutos y los instantes, los sueños y las pérdidas; haré un inventario de mis insomnios y de las causas de mis fiebres. Redactaré minuciosamente, entre otras cosas, las sensaciones que el viento y la humedad de unos labios imaginariamente vertieron en una tarde de sueño extraño, en la que te alcancé a descubrir de una manera muy distinta, genuina y tenue, entre un mar de música y silencios que tal vez sin quererlo nos sorprendieron para que esta amistad de lejanía y promesas se llegara a dar… Todo esto que te cuento estará escrito en el capítulo de una letra bella, para que cuando alguien lo lea en la penumbra prodigiosa de un atardecer en la playa descubra el por qué siempre existirán buenos motivos para atreverse, de vez en cuando, a besar la locura y buscar en las alforjas el secreto que te une a esta historia de mi desgastada y maltrecha piel, ésa la que se puede leer como lee la palma de la mano el adivino, como el astrónomo a las estrellas, como un ciego lee las sombras cálidas de un lejano y extraño sentimiento, algo que a veces pareciera hacernos sentir un pequeño y añejo amor…
martes, 8 de diciembre de 2009
En memoria de un gran músico...
Beautiful Boy
(Double Fantasy, 1980)
Close your eyes
Have no fear
The monster's gone
He's on the run and your daddy's here
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Before you go to sleep
Say a little prayer
Every day in every way
It's getting better and better
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Out on the ocean sailing away
I can hardly wait
To see you come of age
But I guess we'll both just have to be patient
'Cause it's a long way to go
A hard row to hoe
Yes it's a long way to go
But in the meantime
Before you cross the street
Take my hand
Life is what happens to you
While you're busy making other plans
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Before you go to sleep
Say a little prayer
Every day in every way
It's getting better and better
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Darling, darling, darling
Darling Sean
John Lennon
(Double Fantasy, 1980)
Close your eyes
Have no fear
The monster's gone
He's on the run and your daddy's here
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Before you go to sleep
Say a little prayer
Every day in every way
It's getting better and better
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Out on the ocean sailing away
I can hardly wait
To see you come of age
But I guess we'll both just have to be patient
'Cause it's a long way to go
A hard row to hoe
Yes it's a long way to go
But in the meantime
Before you cross the street
Take my hand
Life is what happens to you
While you're busy making other plans
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Before you go to sleep
Say a little prayer
Every day in every way
It's getting better and better
Beautiful, beautiful, beautiful
Beautiful boy
Darling, darling, darling
Darling Sean
John Lennon
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It´s only rock´n´roll but I like it...
Galerna
"Temporal súbito y viento intenso que azota el mar y sus costas,
generalmente en temporadas de primavera y otoño;
aparece en días calurosos y apacibles trayendo consigo
un descenso de la temperatura, acompañado de cortas pero intensas lluvias".
Voces distantes que sueltan conjuros,
Ecos lejanos que evocan lo que sólo se puede soñar,
Travesía de palabras que naufragan en el olvido
En la búsqueda de un atajo que las lleves hasta tu altar…
En el rito cotidiano de los días
Se celebra un reencuentro en soledad:
Tu poema que se escurre entre mis dedos
Y mi alma que se atreve a navegar;
En la vasta inmensidad de los renglones
Se decanta el verbo firme que me das
Para hacer en la borrasca algún velero
Que se meza en los vaivenes de humedad…
Es por eso que en las noches de galerna
-Soy gaviota-
Vuelo libre, busco nidos, surco el mar
Para ver si en la cubierta de tus naves
Hay un hueco en el que pueda descansar…
Sujeto al timón de días inmensos
Tierra firme es lo que busco en mi interior
Para ver si en ese oculto recoveco
Cabes tú
-Sirena amiga-
Cuerpo de ola y tempestad.
Es tu playa a la que arribo un buen refugio
Donde bebo manantiales sin temor,
Mientras alzo con la arena tu figura
Que se yergue,
Me da sombra,
Es protección.
Vastedades que se ensanchan si me miras,
Oquedades que se colman de color
Si al mover mi fiel pincel de aguamarina
Surge un trazo,
Surge un rostro,
Surges tú…
Soy un ave inmigrante en su derrota
Por hallar su isla fértil bajo el sol.
Soy la vida que se escurre
-Gota a gota-
Cuando abundan las ausencias y un adiós;
Hoy no dejes que a la arena se la lleve
La marea de una tarde con dolor;
Ve y construye con palabras una balsa,
Sube a ella y navega sin temor.
Porque siempre que te sientas desolada
Hay un faro que ilumina más que el sol:
Es mi estrella que te aguarda impaciente,
Es la luz que se desata en ciertas noches
Cuando escribo este poema con amor…
Javier Ruiz Paredes.
generalmente en temporadas de primavera y otoño;
aparece en días calurosos y apacibles trayendo consigo
un descenso de la temperatura, acompañado de cortas pero intensas lluvias".
Voces distantes que sueltan conjuros,
Ecos lejanos que evocan lo que sólo se puede soñar,
Travesía de palabras que naufragan en el olvido
En la búsqueda de un atajo que las lleves hasta tu altar…
En el rito cotidiano de los días
Se celebra un reencuentro en soledad:
Tu poema que se escurre entre mis dedos
Y mi alma que se atreve a navegar;
En la vasta inmensidad de los renglones
Se decanta el verbo firme que me das
Para hacer en la borrasca algún velero
Que se meza en los vaivenes de humedad…
Es por eso que en las noches de galerna
-Soy gaviota-
Vuelo libre, busco nidos, surco el mar
Para ver si en la cubierta de tus naves
Hay un hueco en el que pueda descansar…
Sujeto al timón de días inmensos
Tierra firme es lo que busco en mi interior
Para ver si en ese oculto recoveco
Cabes tú
-Sirena amiga-
Cuerpo de ola y tempestad.
Es tu playa a la que arribo un buen refugio
Donde bebo manantiales sin temor,
Mientras alzo con la arena tu figura
Que se yergue,
Me da sombra,
Es protección.
Vastedades que se ensanchan si me miras,
Oquedades que se colman de color
Si al mover mi fiel pincel de aguamarina
Surge un trazo,
Surge un rostro,
Surges tú…
Soy un ave inmigrante en su derrota
Por hallar su isla fértil bajo el sol.
Soy la vida que se escurre
-Gota a gota-
Cuando abundan las ausencias y un adiós;
Hoy no dejes que a la arena se la lleve
La marea de una tarde con dolor;
Ve y construye con palabras una balsa,
Sube a ella y navega sin temor.
Porque siempre que te sientas desolada
Hay un faro que ilumina más que el sol:
Es mi estrella que te aguarda impaciente,
Es la luz que se desata en ciertas noches
Cuando escribo este poema con amor…
Javier Ruiz Paredes.
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